lunes, 28 de abril de 2008

Use Only in Case of Emergency

Fue al poco de despegar. Volviendo de Yogyakarta con Antonio el avión apagó los motores en pleno vuelo. Por unos momentos y antes de que empezase a perder altura llegué a pensar que volaba en un avión ultrasilencioso. Fue solo un instante. Al momento se volvieron a escuchar, recuperamos el rumbo y yo pude despegar las uñas de los reposa brazos

En otra ocasión, hace no mucho, vi a un pasajero rezar durante todo el trayecto. Tenía los ojos cerrados y movía la boca sin cesar. Tenía las manos juntas y pegadas a la frente.

No sé muy bien la razón pero lo cierto es que a este lado del mundo los viajes en avión son, la mayoría de las veces, bastante movidos. Unos dicen que se debe a las condiciones climáticas y al mal estado de los aparatos. Otros, que debido a lo corto que van de combustible, los pilotos se ven obligados a atravesar zonas de turbulencias en lugar de rodearlas.

Sea como sea, lo último me lo he encontrado este fin de semana. Volaba a Bali con Lion air y, al sentarme, un folleto que sobresalía entre las revistas del avión llamó mi atención. Invocation Card, please do not remove from the aircraft, decía. Al abrirlo veo que se trata de oraciones en distintas lenguas y confesiones. Si me voy a morir prefiero hacerlo viendo un capítulo de los Simpsons, pienso. Lo ojeo de todos modos y advierto que no se trata de simples oraciones populares. Esperaba encontrar un Padre Nuestro o un Ave María, pero al pasar las páginas observo que las plegarias están customizadas para la ocasión, “…Bless us with a safe trip, with good weather. Bless us with the guidance from your angles, so that crew of this aircraft will lead us to our destination safely…”.
Mi primera reacción fue de sorpresa, incluso me hizo gracia. Sin embargo, al rato empezó a irritarme y a parecerme macabro, casi de mal gusto. Tanto que de entre las tareas para esta semana tengo pendiente escribir una carta a la compañía para que incluyan en letras grandes un “use only in case of emergency”. O proponerles que caiga del techo junto con las mascarillas de oxigeno. ¿Dónde han quedado los gags de "just for laughs"? ¿O los de Mr. Bean?... No es cuestión de alertar al pasaje sin necesidad, no creéis.

lunes, 21 de abril de 2008

El Centro del Universo

Al principio fue… dame cinco que ya te quitaré otra. Bueno, eso hasta que el Beni me dijo, por fin qué horas son mi corazón! No fue tan malo. A algunos les robaron más y al cuscurro, mucho más. Si miro hacia la derecha, una ficha roja (ja-ja) en casa y me cuento 10. Lo que, desde aquí, quiere decir, 3 al principio, 4 al mes, me como una y de nuevo una “E” del revés. Claro que si hablamos de e (clandestina y subvencionada?), para ella solo fue 1 aunque con forma de sol. A unos les quitaron y a otros nos pusieron.

Total, que si miro a la izquierda, antes de que tu mirada se cruce con la mía, me topo con los ojos operados del Ci y un Kuala porque sí. Una copa en una mano y una hora de más en el reloj de la otra. Y al ponerme el bañador me pregunto cuando podré ir al Hawai (aaaay!). Pues otra vez este fin de semana, que ya será la tercera, y cuidado con el pie, vale? Pero no diga vale, diga Bali, y póngale una hora más por favor. Curioso, mire a donde mire, Bali en el este o Kuala en el oeste, el reloj siempre me aleja una hora de Madrid y de vosotros. Por fortuna me acerca a otros sitios y a otra gente igual de remotos. No importa hacia donde señale la brújula siempre que salgo de viaje y me quedo por la zona (Singapur, Sumatra o Kuala a un lado, Bali, Bromo o Lombok al otro) acabo sumándole una hora al reloj. Si no fuese por los mapas pensaría que Yakarta es el centro del Universo y que al alejarte en cualquier dirección los husos fuesen siempre positivos (GMT+X hacia un lado y GMT+X hacia el otro). Lo cual tiene sentido para mi porque cada vez que salgo de este agujero acabo con la sensación de avanzar, y al menos el reloj lo hace.

KUALA LUMPUR - 900 km al Oeste de Yakarta


YAKARTA - Centro del Universo


900 km al Este de Yakarta - BALI

lunes, 14 de abril de 2008

¿Isla, ciudad o país?

Un cielo rojo fuego brilla sobre la cola del avión al aproximarnos a la pequeña isla. Alguien dijo que estábamos saliendo del infierno para entrar en el reino de los cielos. Entre tu y yo, Singapur es a Yakarta lo que Dios es al Diablo. Amén.

No voy a comparar ambas ciudades porque hoy no me apetece hablar de Yakarta. Y porque, para ser sinceros, no cabe comparación alguna. Porque el sábado por la noche fuimos a ver las finales de Moi Tai Asia y entre seis combates solo vimos un KO. El que le metió un Singapurense a un Indonesio.

Como Paco Martínez Soria. Así me sentí al llegar. Un Terimah Kasi en lugar de un thank you en aduanas, un macho que vamos en Mercedes al montar en taxi, y tres conatos de atropello al intentar cruzar la calle sin mirar, bastaron para darme cuenta de que Paco había llegado a la gran ciudad. El choque cultural fue, ésta vez, en sentido contrario. Tantas veces me las había llevado en la frente que ésta, que venía por detrás y a la colleja, me pilló por sorpresa y pensando en los tiburones.
Singapur es CosMopolIta porque es China, es Malaya y es India. Un cóctel mezclado a la perfección por la pérfida Albión. Como a ellos les gusta, shaken but not stirred. Es ordenada y tranquila, tanto que algunos la dicen Singabore. Yo no lo creo así y, si no, ahí quedan las fotos de Parchís, para darle color a la ciudad. Es occidente sin salir de oriente porque tiene su parte vieja, cuidada y explotada al estilo europeo, con sus terracitas croatas y sus avenidas parisinas.

Y en muchos sentidos hasta se pasa de civilizada. Singapur es una ciudad prohibitiva, no tanto por sus precios, asequibles al bolsillo expatriado, como por sus prohibiciones. Alguien me dijo alguna vez que la Carta de las Naciones Unidas no era más que leyes naturales escritas sobre un papel. Que el hombre nacía con ellas, como un sello indeleble en el cerebro. Singapur ha hecho lo mismo pero a un nivel mucho menos ambicioso. Haz una lista con todo aquello que te parezca incívico y conviértela en ley. Si tiras un chicle al suelo, multa. Si tiras una colilla, multa. Si después de poner un fax te vas sin tirar de la cadena, multa. ¿El resultado? Orientales con modales alemanes.
Gracias a Hafner por su hospitalidad y sus inigualables dotes como guía, “esta es la calle de la muerte”. Pero sobre todo, gracias por el jamón y gracias por el chorizo.

jueves, 3 de abril de 2008

Jugamos como nunca...

Jugamos como nunca, perdimos como siempre. Esta vez tampoco hubo sorpresas. Se cumplío el guión y la Selección que tan ilusionado nos tenía (apenas dormimos algo la noche anterior) volvió a decepcionar.

Jugamos como nunca porque nunca sé jugó peor. Nos estrenamos con un empate sin goles contra India. La contienda prometía brusquedad y acabo convertida en un auténtico bodrio. La cosa se animó, sin embargo, con el segundo encuentro. Y de qué manera! Los chilenos se cebaron, 6-1. Si existís gracias a nosotros, desgraciados, les gritó alguien después del quinto.

Perdimos como siempre porque lo hicimos fallando goles cantados y encajando otros estúpidos. El tercer partido pintaba mejor. Los italianos son más o menos como nosotros, nos habían dicho antes del partido. Nos metieron un 4-1 fácil. El gol de la honra lo marcó el que nunca hace nada (en la oficina), El 7 de España!

Lo de Gales, sin embargo, fue otra cosa, una película con los papeles cambiados. Marcamos rápido y supimos mantener la ventaja incluso después de la expulsión de uno de los nuestros (de quién?). Antes del final marcaríamos el segundo. Estos sí que son como nosotros, pensé yo.

Así que esta vez tampoco pudo ser. Ni cuartos, ni orgullo patrio, ni morir con las botas puestas. El resto de campeonato, cuartos, semis y final, lo pasamos con los leones verdes, a remojo en la piscina.

En nuestro favor cabe decir que los dos equipos finalistas, Estados Unidos e Indonesia, son los dos países con más presencia en el país. Los yankis por imperialistas y los Indonesios pues porque viven aquí. La comunidad española en Indonesia no alcanza las 400 personas y los residentes en Yakarta no debemos ser más de 200. Que no sirva de excusa, somos malos, malos. Pero también es verdad que de donde no hay no se puede sacar.