martes, 30 de junio de 2009

El Niño No Quería Escribir una Entrada

"Siempre que me vienen a visitar encargo que me hagan una entrada".

El niño vive en Malasia, así que técnicamente no fuimos de visita. Pero no importa. En mi visión iletrada y romántica del mundo, éste tiene cinco continentes: América, Europa, Africa, Arabia y China. Y hacer un viaje a China (por mucho que sea a Tailandia y Camboya), teniendo dos amigos en China (por mucho que sea en Malasia), es hacer una visita en toda regla.

Han pasado diez minutos entre el párrafo de arriba y esta frase. El niño no sabe, todavía, que puedo escribir de comida china, gastroenteritis, mochileros y repelente de mosquitos, pero no puedo escribir de arrozales, selvas o ruinas al amanecer. Dame Helsinki y Doha, la burocracia, la línea 6 de metro, una peli de Medem, una noticia de la SGAE o unas obras de Gallardón y yo estoy en mi salsa, pero no me des la mejor playa ni las ruinas más espectaculares. Podía escribir del país que me merecí, pero no de los países que voy a visitar. Esta claro que, igual que hay antihéroes, también hay antiescritores, así que cedo la entrada.

5 vuelos, 4 taxis, 5 tuk tuks, 4 longtails, 2 ferrys, 2 trenes, y un viaje en metro después llegamos finalmente a la meta del viaje. El Komando Malasia nos esperaba en el aeropuerto-pagoda de Siem Reap, después del timo con sello oficial que la policía camboyana tiene a bien gastarle al turista. Para no parar el ritmo del viaje que tenía como hora habitual de amanecida las 5 am, dos besos, tuk tuk al hotel y corriendo a las ruinas.

No voy a negarlo, soy un pedante y me gustan las piedras (aunque 3 horas de explicación de Ramanya, Maharabatra y el Océano Lácteo también me acaban por superar) pero creo que es difícil describir las ruinas de Angkor. Son a las Ruinas lo que el Real Madrid es a la Champions*, Nadal a Roland Garros, o el Mortirolo a los puertos ciclistas. Siempre pensé que para ver cualquier conjunto de ruinas un dia sobra, pero aquí después de tres no has visto mas que una parte.

En cuanto a con cuál quedarse, la duda está entre las misteriosas caras sonrientes del Bayon y la puerta de Angkor Thom, las puertas del inframundo de Ta Prhom, los relieves de Bendir Srey, la soledad de Preah Kahn... pero ante todo la grandiosidad de Angkor Wat. Podría hablar de los templos, o dar wikichapas de mentira porque todo lo que sé del Imperio Khemer lo he leído el ultimo mes, pero lo mejor es que vayais (por mi trabajo esta semana deberían de darme la medalla al merito turístico de Camboya)

Y eso solo las piedras..porque lo poco que vimos desde el tuk tuk de Camboya nos fascinó…arrozales de un verde eléctrico, y selva de un verde mas eléctrico áun (si tuviera que elegir entre la selva y las piedras nunca sabría con que quedarme….bueno, para eso esta Ta Phrom…), monos, tuk tuks de colores y palafitos

Sobre los khmeres hay muchas cosas que decir, que parecen muy felices (aún más pensando de dónde vienen), que tienen un donde lenguas asombroso, que son lo más espabilado que he visto en el trópico, que como los thais no se espabilen en una década se los han comido a todos, que tienen unos niños encantadores que te sacan un dólar en cuanto te descuides, y que al grito de “Susana bonita” te venderán cualquier cosa…

*a la Copa de Europa, en el original (nota del editor)

miércoles, 24 de junio de 2009

Una Noche en Mersing

Es madrugada y al menos en Mersing no hace el calor insoportable, aún en plena noche, de otros sitios. Puede que la humedad sea aún mayor que en el interior pero, al menos aquí, la proximidad del mar modera la temperatura. Me encanta esta frase, el mar modera las temperaturas. Lleva grabada en mi cabeza al menos veinte años, cuando la leí, sin entenderla del todo, durante alguna clase de ciencias naturales en cuarto o quinto de EGB. La tuve que memorizar, así hasta hoy.

Vuelvo a echar un vistazo al reloj y considero la posibilidad de que se haya quedado sin pilas. Parece que la aguja no se haya movido durante la última hora. Intento cambiar de postura pero el banco sobre el que estoy tumbado no da más de sí. Miro a mí alrededor y compruebo que cada vez hay más gente durmiendo en los bancos del embarcadero. Todos esperamos al ferri de las seis y treinta.

Pese a tener los ojos cerrados no consigo dormir. Estoy cansado y las luces del puerto apuntan directamente hacia a mi cara. Sabedor de las penurias que me esperaban por pasar aquella noche decidí traer una almohada y ahora al menos una parte de mi cuerpo reposa sobre algo blando. Dos bancos a mi derecha escucho una conversación en una lengua que cada vez me parece más limitada. Apenas chapurreo algo de malayo, sé preguntar direcciones, pedir la comida, pero poco más. Aquí te puedes manejar con el inglés así que no hay necesidad de esforzarse. Y aún así, cada vez que escucho a alguien hablándolo me parece entender muchas de las palabras que utilizan. Muchas más de las que debería entender al menos. ¿Tan pobre es este idioma?

Otras dos personas se unen a la conversación que cada vez parece más animada. Entumecido por la falta de sueño y cansado por las cinco horas que duró el viaje en autobús desde la estación de Pudu, busco en mi mochila el iPod. Elijo algo suave que me ayude a dormir. El banco es de plástico, de esos que puedes encontrar en cualquier sala de espera, con cuatro o cinco asientos por fila. Me recuerda al ambulatorio que había en mi barrio, a los jueves por la tarde y a la vacuna en el frigorífico. A la sala de espera. Con los ojos cerrados veo al practicante preparando la jeringuilla y a mi mismo remangándome el jersey del uniforme. Ya estoy acostumbrado al proceso semanal y los años de visitas rutinarias que ya no me provocan temor alguno. Siento el pinchazo en el brazo, frío, cortante, y noto cómo el líquido entra poco a poco por mis venas. La semana que viene a la misma hora, se despide el médico.

El pinchazo me devuelve a la realidad. El mosquito hace tiempo que se ha marchado pero la marca de su picadura me acompañará durante los próximos días. Me rasco y miro hacia atrás. La conversación ha subido de tono y las risas le ganan la batalla a la música. Me incorporo y busco el anti-mosquito. A mi lado pasa uno de los contertulios que se dirige al baño y que desde la distancia grita algo al grupo de detrás. Me vuelvo y le chisto para que se calle ¿es que no ves que hay gente durmiendo? El tipo se gira y me sostiene la mirada. Por unos instantes parece que me va a contestar, pero finalmente se escabulle tras la puerta del baño.

Cierro los ojos y pienso en aquella otra vez cuando me sucedió algo parecido en la playa. Era media tarde y no se veía ni un alma en la orilla. Estaba totalmente solo y profundamente dormido. De fondo, el sonido hipnotizador de las olas del mar y el ritmo pausado de mi respiración. Entonces no fue un muchacho hablando a voces con sus amigos, sino una malaya gritándole a su marido al otro lado de las dunas lo que me despertó. La mala leche que se me puso. No había nadie en la playa más que yo, dormido profundamente sobre la toalla, y esta señora que no se molestó en pensar si su grito me molestaría estando como estaba a escasos metros de mi. ¿Cómo podemos ser tan diferentes?

Intenté poner la mente en blanco y olvidarme del asunto, pero abstraerme de las voces y los gritos no resultaba tan fácil. Subí un tono el volumen de mi iPod. En España es bastante habitual que alguien se te quede mirando, desafiándote ante la más mínima provocación. No tienes más que acercarte a la puerta de cualquier Opencor y mantenerle la mirada durante más de dos segundos a cualquier chaval para encontrarte en medio de una bronca. Aquí es diferente, ¿o eso era en Indonesia?

El día empieza a clarear y cada vez se concentra más gente en los alrededores. Me estiro y me acuerdo del bar en el que he estado sentado hace tan solo un par de horas. Mesas de plástico, sillas de plástico, mal café. Todo está sucio, las paredes, el suelo. Hasta el camarero parece sucio. Hago las cuentas y me salen. No es tan raro que en este país sea todo tan barato, me digo. Al menos el bar tenía tele y, para sorpresa mía, el partido de España estaba a punto de empezar. Qué suerte, al menos se me va a hacer corta la espera. Pido el café mientras los jugadores se animan unos a otros en el túnel de vestuario. Saltan al campo y a los cinco minutos de juego descubro que las imágenes que veo son en diferido y que España ya ganó a Irak por un gol dos noches atrás. Ahora, en el puerto, pienso en lo bien que habría estado si aquel partido hubiese sido en directo. Dos años sin fútbol es mucho tiempo, pero no tanto como tragarte un partido del que ya conoces el final. Maldigo mi suerte. Si al menos no hubiese sabido el resultado.

Por fin abren las taquillas para comprar los billetes del ferri. Al llegar mi turno me dicen que no hay ninguna reserva a mi nombre. Mire bien por favor, que el viaje me lo ha organizado una agencia de submarinismo y aquí tengo un email diciendo que todo está en orden. Nada, mi nombre no aparece por ningún lado. Compro el billete resignado y me voy a esperar de nuevo a mi banco. Tan solo me queda otra hora más de espera y las dos horas en el barco.
Ya ha amanecido. Me rasco el brazo y guardo la almohada. Los malayos que no paraban de hablar por fin se han dormido.

jueves, 18 de junio de 2009

Time for a Tiger - The Malayan Trilogy

Fanella Crabe: "It´s so damned hot. Doesn´t it ever get any coller?"
Victor Crabe: "I like the heat."

The humidity could be blamed for many things: the need for a siesta, corpulence, the use of the car for a hundred-yard journey, the mildew on the shoes, the sweatrot in the armpits of dresses, the lost bridge-rubber or tenis-set, the dislike for the whole country.

Victor: "I quite like the country."
Fanella: "But what is there to like? Scabby children, spitting potbellied shopkeepers, terrorists, burglars, scorpions, those balsted flying-beetles. And the noise of the radios and the eternal shouting. Are they all deaf or something? Where is this glamorous East they talk about? It´s just a horrible sweating travesty of Europe. And I haven´t met a soul I can talk to.

Victor: "We´re together. We can talk to each other."
Fanella: "Why should we have to come out here to do that? It was more comfortable in London."

pag.34 Time for a Tiger - The Malayan Trilogy

Una pena que el libro sea difícil de encontrar en España porque es realmente divertido. Lo he buscado en La Casa del Libro y en la Fnac, así como en otras librerías más pequeñas, y no he tenido suerte en ninguna. Trata sobre un matrimonio inglés que se instala en Malasia durante los años cincuenta cuando ésta era aún colonia británica y, estoy seguro que, cualqueira que viva o haya vivido por aquí se sentirá ampliamente identificado con la historia y sus personajes. Yo mismo suscribiría cualquiera de las posturas del texto de arriba, unas veces soy Victor y otras veces, no me queda más remedio, Fanella.

miércoles, 10 de junio de 2009

Mi Gran Boda China

06:15h Salida en el tren con servicio regular Bank Negara - Shah Alam
06:55h Traslado en taxi (compartido con una pareja malaya con destino distinto al nuestro) hacia la casa del novio
07:00h Llegada a la casa del novio, donde asistiremos a una pequeña reunión con el resto de padrinos y conoceremos a la Wedding Planner
07:30h Después de un par de oraciones y saludos con los padres del novio partimos en la caravana de coches hacia la casa de la novia. Durante el trayecto realizaremos una parada técnica en McDonalds para desayunar (Lástima que no sirvan Big Macs a estas horas de la mañana. Un McMuffin servirá)
08:00h Después de desayunar nos dirigiremos hacia la casa de la novia donde asistiremos a uno de los momentos estelares de la boda. Al llegar nos encontraremos la puerta de la casa cerrada y, como dicta la tradición, con las madrinas de la novia tratando de impedirnos el paso. Junto a ellas espera medio barrio, la mayoría en pijama. Para demostrar su amor y convencer al cortejo femenino el novio y sus padrinos deberán hacer aquello que se les pida. Veáse, comer sandwich de wasabi con chili; beber batidos de alcohol mezclados con hierbas y lácteos de un biberón; besarnos unos a otros con los morros pintados; o explotarse globos contra el pecho (esto último y las risas que cada estallido desata escapa al entender occidental)08:30h Una vez superada las pruebas se produce (minipunto para el equipo de los chicos!) por fin el ansiado encuentro de los novios. Mientras tanto fuera de la casa podremos contemplar como parte del grupo que venía con el novio vomita los mcmuffins (actividad opcional)
09:00h Después de asistir a una pequeña ceremonia en el salón de casa (con la tele puesta!) el novio muestra sus respetos a los padres de la novia y huye con ella hacia la casa de sus propios padres.
10:30h Junto con el resto de la comitiva, ahora formada también por las amigas de la novia, llegaremos a nuestro destino donde los padres y las abuelas del novio estarán a la expectativa.
11:00h Miraremos el reloj y solo veremos que ya llevamos despiertos seis horas
12:00h Una vez en la casa del novio recorreremos cada una de las estancias realizando las oportunas ofrendas. Nuestro último destino será la habitación conyugal donde todo está preparado para la llegada de la novia: el hueco en el armario, las zapatillas de estar por casa, el pijama bajo la almohada. La wedding planner, y sus cuerdas vocales de las que a estas horas ya sale humo, animará a los más jóvenes a rebozarse por la cama, un reclamo a la fecundidad12:30h Con el sol en su punto álgido disfrutaremos de un delicioso buffet compuesto por noodles y arroz en los jardines de la vivienda
13:30h Es hora del Ampao o reparto de dinero por parte de los novios. Los asistentes reciben pequeños sobres de dinero, una propinilla por acudir a su boda. Ese mismo sobre puede ser utilizado para devolverle el Ampao y felicitarles por el enlace (actividad opcional si has traído tu propio sobre, que no fue el caso)
14:00h Traslado a casa y tarde libre
19:15h Salida en tren con destino a la casa de la ya denominada, casa de los novios. Segunda tangada del día en el taxi
20:00h Disfrutaremos de un delicioso buffet. Los occidentales pueden aparecer, y aparecen, con un par de tortillas de patata y una barra de pan. Esta vez el cordero será el plato fuerte, aderzado por arroz y noodles.
00:00h Tiempo libre para meterse cuatro gin tonics entre pecho y espalda. Temperatura ambiente 37ºC
01:00h Una vez los mayores se han recogido es el turno de disfrutar de 57 partidas consecutivas de black jack. Si no sabes jugar no pasa nada, te lo explican y en la jugada de prueba ya te levantan los primeros 30 ringits
01:06h Al cabo de la tercera mano aprenderemos la lección más importante del día: no apuestes NUNCA contra un chino
02:00h Al salir pasamos por encima del cadaver de la wedding planner. Transporte a casa libre, no hay dinero para más

domingo, 7 de junio de 2009

lunes, 1 de junio de 2009

No te lo Comas

Cuando aterrizas te parece todo muy raro, diferente, y enseguida piensas en hacer una entrada para comentarlo. Pasan los días, y después las semanas, y las ansias por contar al mundo aquello que te sorprendía se quedan en nada. Lo novedoso se convierte en rutina, lo que antes te asqueaba ahora te agrada y las ratas… las ratas no te sorprenden más que un gato en España. De súbito, tu entorno cambia y, sin quererlo, te cambia a ti también. De nada sirve luchar contra lo que te rodea. El intento provocaría una más que probable vuelta anticipada o, peor aún, acabaría por transformarte en un cretino amargado, de esos que tanto abundan hasta sin salir de casa. Decía que el entorno te hace cambiar y a esta circunstancia se le denomina proceso de asilvestramiento.

Si uno decide emprender esta aventura en Malasia, lo quiera o no, termina asilvestrado. Un tiempo conviviendo aquí te devuelve a los orígenes de la especie, al menos en lo que a maneras en la mesa se refiere. Comer con las manos no es una falta de educación sino una antigua tradición, matar una cucaracha que sale disparada de debajo del plato que un camarero acaba de depositar sobre tu mesa deja de ser una excusa para montar una escena y cambiar de local. Dos años viviendo por aquí acaban por transformar las maneras y los modos de cualquiera… y eso que yo era un mísero ratilla (desde que me picó…).Uno llega a un restaurante y lo primero que aprecia son los platos y los cubiertos de plástico. Están sucios, como el mantel. Al momento aparece un gentil camarero, con cara de estoy-a-punto-de-caer-muerto, que te ofrece una palangana de agua hirviendo por si te apetece darles un agua antes de llevártelos a la boca. Help Yourself, que le dicen algunos. Las sillas y las mesas, también son de plástico y también están sucias, pero… no me traigas otro barreño porque no las pienso limpiar. Lo que no te traen son cuchillos, aquí no existen, así que cuando te plantan un muslo de pollo con hueso delante te las tienes que apañar con la cuchara y el tenedor. Así les va, que cuando les llevas a algún sitio decente con Oh! Cuchillos los pobrecitos no saben utilizarlos. Tampoco existen las servilletas, como mucho te ofrecen un kleenex o un rollo de papel del culo.

Además, siempre comen con una sola mano sobre la mesa (¿La otra sujetándose las pelotillas?) y con la boca abierta. Nunca esperan a que todo el mundo tenga el plato delante para empezar. Ni siquiera preguntan. Sería interesante comprobar la cara de mi abuela si invitase a un chino a cenar por Navidad.

- David, ¿desde cuándo cena Napo con nosotros?

En alguna parte leí que los niños chinos son capaces de tocar el piano como lo hacía el mismísimo Mozart a los cuatros años. Sin embargo, algo les pasa en el cerebro que no lo terminan de desarrollar del todo, y a los diez años son, casi siempre, superados por sus compañeros occidentales. Se trata de una cualidad llamada creatividad. Un ejemplo. Para comer hay tres opciones, noodles, arroz o noodles y arroz. ¿Cómo es posible que, una cultura milenaria como la china y de la que tanto se enorgullecen, se alimente durante todos los puñeteros días del año de arroz (para comer, cenar y hasta desayunar!) y que solo conozcan un par de formas de cocinarlo? Me pone negro cuando a la hora de comer me preguntan:

- What do you want for lunch?
- Coño! Y que voy a querer! Pues un chuletón de Ávila – respondo en castellano.
- Sorry?
- Pues noodles o arroz joder! ¿o es que habéis inventado algo nuevo? – aún en español.
- Why are you speaking spanish?
- Porque me he asilvestrado. Coño.Por eso, uno termina por hacerse asiduo de cualquier bazofia occidental que se cruce en su camino. De esta boca, que es de buen comer, han llegado a salir expresiones tales como “Mi reino por un Big Mac” o “Si hay un Pizza Hut lo demás me da igual”. Existe una gran diferencia entre comer y comer bien y cuando la segunda opción se te niega de forma sistemática solo te queda aferrarte a lo conocido. Aunque sea bazofia.

También gusto de frecuentar los buffets. Por aquello de la nostalgia. Por comer en platos de porcelana y beber de vasos de cristal. Por su embutido y por su pasta italiana que no china, por lo mullido de sus alfombras de hotel, por sus quesos... Son limpios y al sentarse, Bendito sea el Creador! hay servilletas y hay cuchillos, pero no hay bichos. Y sobre todo hay pan y te atienden bien. Los platos y cubiertos los sacan limpios de la cocina.

- ¿Qué hace señor?
- Dando un agua a los cubiertos. Y no me llame señor.
- ¿En este restaurante lo sacamos todo limpio, señor?
- Ya lo veo. Pero es que estoy asilvestrado. Y ya le dije que ya no soy un señor.

Ah! Y no pidas postre porque la comida china carece de él. Si te traen algo será viscoso, estará caliente y tendrá grumos. No te lo comas.