lunes, 27 de abril de 2009

A Otra Cosa (Mariposa)

From: klphoto <info@klphotoawards.com>
Subject: KL Photoawards 2009
To:
info@klphotoawards.com


(qué emoción!)

Dear Entrant (sí, sí, yo. Soy yo!),

Thank you
(de nada) for entering your work to the first KL Photoawards 2009. The judges have deliberated and have made their final decision (y yo con estos pelos!) and I am sorry (what!) to inform you that your work was not selected as a finalist for the exhibition (Whattt!???). We do however feel it is important to tell you that although you did not get in to the exhibition, your photographs (dilo, dilo: tus mierdas de fotografías quieres decir?) did make it to the second round of judging. For our first year the awards attracted some 500 (menuda pasta os habéis sacado) entries and only 46 were short listed for exhibition
(46 cabrones!). The standard and quality of photographs entered was also very high (tan high que me habéis dejado fuera). We wish you very best wishes (and a happy new year, no te jode) in the continuation of your photography and hope that you will consider applying to the competition again in the future (jajaja, qué gracia!).

Starting Friday 20th March, you can view the finalists entries on the website and also vote for your favourite portrait online
(también tengo que pagar?). You are also invited to attend the Awards Evening at 7:30pm Thursday 7th May, 2009 at The Annexe Gallery, Central Market, Kuala Lumpur (¿me vais a devolver el dinero?). entries and only 46 were short listed for exhibition

The Awards Team
-- KL PHOTOAWARDS 2009
http://www.klphotoawards.com/


Bueno, dejándonos de chorradas os digo que tampoco me hacía muchas ilusiones
(mentiroso, que llevabas dos semanas sin dormir) y que podeis entrar a echar un vistazo de las 46 fotos (las de los cabrones) seleccionadas en el enlace de ahí arriba que están muy bien (mentirosooooo).

martes, 21 de abril de 2009

Una Semana de Bufanda y Zurrón

El jueves pasado alguien me preguntó que si tenía ganas de volverme a España. Estaba en La latina, eran las once de la noche y ya llevaba unas cuantas cañas encima. ¿Estás de coña -respondí- quién no querría volver a esto?

O a esto…

La primera fiesta en casa del Citro, una etapa de (con) montaña y, encima, contra el reloj. El KO técnico del Pippen o la obstinación de Luigi por que Raúl vuelva a la selección. Al Buly, el jardinero enajenado, redecorando selváticamente los cuartos de baño. Las poses con los restos de un frutero, otrora yoyo, y las fotos con el campanile de fondo. Esas fotos que enseñan por qué no me puse los pantalones azules, los llevaba Antonio puestos, en la cabeza. A intentar robarle la pizza al pobre, que no-puto, pizzero, a cambiar de estrategia y ofrecerle dinero a cambio. A comer pizza con doble de anchoas… claro que si hablamos de comida no puedo dejar de referirme a uno de los mayores placeres que existen y que nunca existirán: la siesta, arropado y calentito, después de un plato de cocido (si es de mi madre, mejor) aderezado con media barra de pan ¿Quién no querría volver a la Quinta y a sus veinte años, por lo menos, de aperitivos dominicales? O a ver la nueva casa del Patata y, por ende, la nueva habitación del Beni, que me cuenta sobre lo poco que hace en su trabajo, ya somos dos amigo. A volver a tomar un café, y nada más que en vaso, privilegio negado a no residentes, en el Dancar, donde el chaval detrás de la barra quiere venir a visitarme a un lugar llamado Guana Lumpur, cierro el bar y me voy fijo! A ver a Sofía (tiene dos años Carlinhos!) y ya es capaz de deletrear Kuala Lumpur letra por letra, y hasta señala sin titubear el lugar exacto en un mapa...

...A pasar la tarde con Nicolás, que al verme me señala y ya dice, tío David (o algo parecido), y a Dani, la razón por la que su abuelo se levanta cada mañana, que ya empieza a gatear. A comprobar lo hinchada de la tripa de mi cuñada y a entrar en el debate sobre nombres futuribles. A pasar frío de nuevo, a tener las manos rojas y a utilizar bufanda (quién dijo fular?). A pasear con zurrón. A salir a tomar algo con Isabel y su hermana, embajadoras de la vida perrilla, y con su prima, que está haciendo las oposiciones. Volver a saludar a D. Amir, con sus pantalones pistacho y su Sarón al cuello. Saludar de nuevo a su bigote. A ver, por fin, otro soporífero partido del Madrid y no dormirme en el intento. A coger el coche y conducir dos calles seguidas por la izquierda hasta que lo reviento y tengo que volver a llevarlo al taller, Sergio! tarjeta VIP ya! A salir y tomarla con mis compañeros de Máster, Dios los cría y nosotros nos… emborrachamos. A ver a Raquel y a Liber (y a la prima, maldita!) después de tantos años. A escuchar al Maison, muy tieso y con los ojos como platos, decir que Juan se nos casa (Felicidades!). Y, por lo visto no es el único (ex) PBL oiga (Milagro!). Y para irme como me fui, una timba de póker y un, más que ganado a pulso sobrenombre, Nemofe. El Buly dice que me lo haga mirar… yo le digo que se agache y que me lo mire él.

A TODOS: lo pasemos pirata, verdad? Nos vemos pronto.

sábado, 4 de abril de 2009

A Day at the Races

Kit de Fórmula Uno:
- Entrada de estudiante al 20% de su precio original
- Carnet de estudiante (cortesía de la diseñadora gráfica de mi trabajo)
- Tapones para no quedarme sordo
- Pase para la Fiesta de McLaren Mercedes (lo siento Fernando)
- Bocata de chorizaco (Gracias Mamá!)

Me voy corriendo que no llego.

--- actualización después de la carrera ---
Si hay algo seguro en esta vida, si la historia nos ha enseñado algo, es que siempre llueve hacia abajo y que, además, en Kuala Lumpur lo hace T-O-D-O-S los (putos) días a las cinco de la tarde. Genial idea la de cambiar el horario de la carrera a la tarde!

jueves, 2 de abril de 2009

Una Mañana en Phnom Penh

Una mañana libre en Phnom Penh es todo el tiempo que me queda después de una dura semana de trabajo. Del ambiente de la ciudad, de su calor y sus olores, ya me había impregnado antes en los numerosos trayectos que habrían de llevarme de una punta a otra de la ciudad, de reunión en reunión y de tuk-tuk en tuk-tuk. Me gusta esta ciudad. Dicen que un día, allá por la década de los sesenta, Phnom Penh era un paraíso en el que Oriente se fundía con la arquitectura y la bollería francesa. Pese a las tres últimas décadas del siglo XXI hoy la ciudad conserva mucho de aquel encanto. Aunque me temo que pronto cederá esa inocencia para convertirse en una megalópolis más, un Bangkok o una Yakarta.
Entre las opciones que la ciudad me brinda hoy están la de visitar el Palacio Real, ver la Pagoda Plateada o pasear a la orilla del río viendo viejos edificios coloniales. También podría dedicar mis últimas horas en Camboya regateando en el mercado ruso, descansando junto a la piscina del hotel o probando arañas fritas en el Mercado Central. Pienso que tal vez debería visitar…
Durante el periodo de los Jemeres Rojos El S-21 fue el centro de detención más importante del país. La “S” proviene del término security y el 21 nos deja bien claro que al menos había otros 20 centros como éste en el país. En realidad llegó a haber más de 200.
En unos veinte minutos de moto-taxi llego al antiguo colegio que hace tres décadas funcionó como prisión. Está compuesto por dos barracones de tres plantas cada uno, una cancha de deporte en medio y un par de cabañas para guardar material. Es curioso comprobar cómo aún existen en la ciudad decenas de centros escolares idénticos a este que hoy en día conforma el museo del genocidio camboyano. Sus aulas probablemente tengan las mismas baldosas, rojas y blancas, las mismas pizarras de madera y el mismo aire decadente. Lo que seguro no comparten son las centenas de fotografías en blanco y negro de hombres, mujeres y niños que hoy adornan las paredes del S-21. Ni las manchas de sangre que aún hoy salpican los techos de algunas de las clases. Miles de personas fueron castigadas y sentenciadas aquí por no compartir los ideales del Hermano Número Uno, Pol Pot, uno de los genocidas más sanguinarios de la historia.

Libros, documentales y hasta una película, The Killing Fields, que ya vi una vez en clase de Filosofía en el colegio, han ocupado gran parte de mi tiempo libre durante las últimas semanas. Desde que supe que por motivos de trabajo tendría que pasar unos días en Camboya comencé a acercarme a la historia reciente de este país, una historia fascinante que podríamos resumir así: liderada por el príncipe Sihanouk, Camboya, por entonces colonia francesa, consiguió la ansiada independencia y durante los 50 y los 60 el país se convirtió en uno de los más prósperos de la zona. La guerra de Vietnam se expandió a Camboya cuando Estados Unidos bombardeo la parte noreste del país. Las bombas destruyeron numerosos pueblos y dejaron tras de sí más de medio millón de muertos, la mayoría civiles. Aunque los jemeres rojos ya existían desde mucho antes es solo entonces cuando se produce el auge del grupo comunista. Para terminar de empeorar las cosas en 1970 Lon Nol, un general apoyado por los Estados Unidos, derrocó al príncipe Sihanouk y gobernó el país con políticas corruptas y pro americanas. En 1975 los jemeres rojos consiguieron hacerse con el control del país ordenando la evacuación de todas las ciudades el mismo día en que se liberó la capital. Era el año cero y se acababa de proclamar un nuevo estado, la Kampuchea Democrática.
Sobrecogido por el silencio en cada una de sus aulas dejo atrás el colegio. El mismo motorista se ofrece a llevarme a los Killing Fields, a unos 15 kilómetros a las afueras de la ciudad. Agarrado al sillón de la moto miro mi reloj pensando en que en apenas unas horas tengo que estar de vuelta en el aeropuerto.

Profesores, médicos, empresarios, abogados… Todo el que tuviese educación era un peligro para la revolución y era aniquilado sistemáticamente. Al menos 200.000 personas fueron ejecutadas por los Jemeres Rojos en campos como en el que ahora me encuentro, en Choeung Ek, donde una estupa llena hasta arriba de calaveras honra hoy la memoria de todas las victimas de semejante paranoia. Además se estima que alrededor de dos millones de camboyanos perdieron la vida en menos de cuatro años. Casi un cuarto de la población en total.
Al despedirme del motorista que me ha llevado y traído durante toda la mañana por apenas cinco dólares pienso en lo que este hombre ha debido de pasar en su vida. Debe rondar los cincuenta años por lo que la tragedia le sacudió en la flor de la vida. Me pregunto cuántos familiares habrá perdido, en qué condiciones vivió y trabajó durante aquellos cuatro años de sin sentido. Pienso en que me alegro mucho de haber viajado a Camboya, de haberme mezclado con sus gentes y de haber aprendido tanto. Me vuelvo pensando en que volveré a Phnom Penh, a saldar la deuda que tengo con el Palacio Real y el Mercado Central, las caras sonrientes de esta amable ciudad.

domingo, 22 de marzo de 2009

viernes, 13 de marzo de 2009

Noledigasamimadre Que Hoy Cumplo...

Esto sí que es un regalo...

jueves, 12 de marzo de 2009

Leeche Check! Leeche Check!

Hoy podría hablaros de mi último viaje y eso es precisamente lo que voy a hacer. Pese a que a la mayor parte de la isla, la tercera más grande del mundo, es territorio indonesio (ellos la llaman Kalimantan) el año pasado no tuve oportunidad de visitar Borneo, el lugar con mayor biodiversidad del mundo y en el que se han descubierto casi 400 nuevas especies de animales y plantas en los últimos diez años. Nuestro destino, el río Kinabatangan, al noreste de la isla. Nuestro objetivo, ver la fauna local.

Con las primeras luces del día embarcábamos cada mañana para ver cientos de macacos río arriba y comprobar cómo la jungla va cobrando vida según trascurre la mañana. Vimos como amanecían familias enteras de monos narigudos, u Orang belanda (hombre holandés) como las llaman aquí, para hacer mofa de los invasores europeos. y sus narices. Una mañana incluso tuvimos la oportunidad de ver un orangután en estado salvaje y aunque estaba bastante lejos, subido a lo alto de un árbol y moviéndose con toda la calma del mundo de rama en rama de una forma lenta y perezosa, la experiencia fue alucinante. Allí estábamos todos en la barca, aún medio dormidos y con la boca abierta, como si en lugar de un simio gigante tuviésemos delante un extraterrestre recién aterrizado.

La palabra orangután significa hombre de la selva y en verdad que sus movimientos y sus gestos se asemejan a los nuestros. Más tarde veríamos algunos más en Sepilok, uno de los cuatro centros de rehabilitación que existen en el mundo, donde cada día acuden orangutanes huérfanos o heridos en busca de comida. A la llamada de los cuidadores también acuden macacos desesperados intentando robarle la comida al pobre huerfano... Sabandijas! protagonizando unas escenas de lo más gracioso.

Sin embargo y para desgracia nuestra, al poco de llegar descubrimos que los auténticos protagonistas del viaje no serían los silenciosos orangutanes ni los escurridizos elefantes pigmeos, sino un bichejo mucho más pequeño y resbaladizo. Yo no las había visto más que en la tele, casi siempre en sucias imágenes que acaban por disgustar al espectador y arrancarle un aaargh o un hummm, en viejas películas de Rambo o de soldados americanos en el ´Nam. Muchos han sido los protagonistas expuestos a ellas aunque la escena que prevalecía en mi cabeza cada vez que ponía un pie en la jungla era aquella en la que uno de los protagonistas, por una vez no le toca al gordito, de “Cuenta conmigo”, Stand By Me en inglés, descubre una dentro de su bañador. Las protagonistas del fin de semana han sido, sin lugar a dudas, las sanguijuelas.

Calcetines por fuera del pantalón, botas de agua hasta la rodilla, camisa de manga larga abrochá-sta-rriba, gorra y calzoncillo de castidad para que no la shupen, todo esfuerzo era poco para luchar contra las malditas sanguijuelas. Cada poco tiempo el guía paraba la marcha en mitad de la jungla y al grito de Leeche Check! Leeche Check! instaba al grupo a revisarse el cuerpo de arriba abajo en busca del mencionado bicho ventosa. Las muy babosas aparecen en cualquier lado, en la ropa y hasta en la pantalla de la cámara, pero por suerte lo único que provocaron en nosotros fueron pequeños ataques de pánico. No tuvimos ningún percance serio y la sangre, qué apropiado dicho! no llegó al río.

En definitiva un viaje bonito en el que perderse entre los sonidos de la selva por la noche, mezclarse con todo tipo de animales y bichejos y acabar de barro hasta las orejas. Un viaje del que hablar.

viernes, 6 de marzo de 2009

Hoy Podría hablaros...

Hoy podría hablaros de que ya he mandado las fotos al concurso. Podría contaros que al final envíe cuatro en lugar de tres (la una, la seis, la ocho y la trece) y que aún tengo pendiente agradeceros vuestra ayuda (GRACIAS!).

Hoy podría hablaros de que casi ya no veo las Petronas desde mi balcón o de que el taxista que nos lleva cada tarde a la estación a menudo va en vaqueros y que últimamente me tiene la cabeza frita con tanto Islam parriba y tanto Islam pabajo. “No me pases tu mierda” le voy a soltar un día. A lo mejor podría hacer un post sobre el trabajo y los compañeros, sobretodo sobre el que está seguro que todas las ligas están amañadas, o sobre el torneo de fútbol que empieza en la oficina la semana que viene. O sobre la mañana en que aquel taxista indio intentó un secuestro express sobre mi persona (jamematen!). Hoy podría cambiar la fuente o el color del blog o dejar este párrafo sin justificar.
También podría hablaros de cómo ha servido de terapia contra mi fobia a los peluqueros malayos el que un buen día me encontrase con la peluquería de Seroja reducida a escombros, cosa con la que llevaba soñando desde hace mucho tiempo. Viendo el calor que hace hoy quizá podría escribir sobre los cines de Kuala, sobre los subtítulos en diferentes idiomas que tapan la mitad de sus pantallas o sobre el frío gélido que te obliga a calzar zapatillas, calcetines incluidos, en lugar de chanclas. O podría contaros las sospechas que tengo desde hace un par de meses de que solo dos personas, dos tontos muy tontos, leen este blog.

He pensado que tal vez sería un buen momento para deciros que en Semana Santa pasaré unos días en España y que espero poder tomarme una cerveza con todos y cada uno de ustedes. Total si sois dos no creo que ni siquiera entre en pedo. Igualmente sería una buena oportunidad para recordaros la dirección a la que enviar vuestros regalos ante la tan señalada fecha que se avecina (o, más bien, que me atormenta). Quizá podría hablaros de sexo pero para eso ya está Zapatero. Podría explicaros lo confortable que les resulta mi hombro a los malayos que se quedan dormidos en el tren o podría hacer una lista con los discos que me he bajado últimamente o aquellos que están a punto de salir y que querría escuchar ya. Podría intentar explicar qué es un Catch 22 pero total, no creo que lo consiguiese. A lo mejor podría contaros que hasta hace bien poco cenaba con Jack Sephard pero que ahora comparto los macarrones con Tony Soprano. Hablando de comida, podría contaros que desde hace cuatro meses como con palillos, que las sopas aquí se reducen a un cuenco de agua hirviendo con una acelga cocida o que uno de cada diez platos que un camarero deja encima de tu mesa viene con vida dentro (no diga vida diga cucaracha!).

Podría contaros tantas cosas y, sin embargo, es hora de salir corriendo, que hoy me marcho a la jungla a ver orangutanes (si es que aún queda alguno vivo).